Escrituras trans

«Río de Janeiro, II», por Lucía González

22447319_10211770496631089_2026551946_n

En un intento frustrado de siesta vi que una luz de tarde impresionante se reflejaba en la pared y pensé en Pao. Podría haber pensado en Rochi o en Emma también, pero la primera que vino a mi cabeza fue Pao porque siempre identificamos sus fotos por la luz que logra captar, siempre jodemos con las chicas y decimos “esa es una luz re Pao”. Y sí, no me podía dormir y vi esa luz re Pao y quise sacar la foto, no por tener una foto buena, porque sé que no me da, pero sacar la foto me iba a hacer acordar más de Pao. Y de hecho la foto es re chota y sé que mi vieja me va a retar si lee esto, porque le molesta que use algunas palabras, pero es verdad: es una foto chota. Porque mi celular es malo y porque yo no sé sacar fotos, y las cosas hay que decirlas como son. Sobre todo ahora tengo que aprovechar que si me viene la palabra justa a la boca largarla, justo ahora en este momento en donde hablo errado acá y allá, en donde digo la palabra sala cuando no va o en donde pronuncio mal la g o la a me sale muy abierta. Y me rio de mí misma, que si algo me sale bien es eso, pero igual me quedo con un poco de bronca porque por más que me digan que es bonitinho sé que hablo mal, errado, torto. Y la palabra que vino ahora, cuando vi la foto, es chota y hay que decirla igual aunque mi vieja se enoje obviando mis 31 años y los miles de kilómetros que nos separan. Porque es esa la palabra y no otra, no piroca. Como querer decir cafuné en español, no hay una palabra en esta lengua que nombre ese gesto: el de acariciar con la yema de los dedos el cuero cabelludo de alguien. Todo eso es cafuné y aunque para mí tenga un sonido tan distante del portugués no hay otra palabra que me sea tan brasileña como esa, no porque sea casi intraducible sino por haberla aprendido, por haber sido parte clave de mi aprendizaje del portugués el día que estaba acariciando a alguien y él le puso palabras a ese acto, cafuné. Yo hablaba re mal porque era mi primera estadía en Brasil y me dolía la cabeza todos los días de tanto intentar escuchar, de intentar internalizar los sonidos y reproducir alguna palabra. Hasta el nombre del chico pronunciaba mal y él se enojaba. Pero con cafuné fue fácil porque no había traducción posible, fue directamente nombrar algo que estaba haciendo en ese momento y que no había dicho nunca en ninguna lengua. La palabra cafuné arrimó más a mi lengua íntima ese gesto de acariciar a alguien y empezó a desdibujar los límites entre el español y el portugués, reordenando mi modo de decir. En el cuarto que se ve en la foto, los objetos también se fueron arrumando a partir de una vida carioca que se va haciendo de a poco, podría decir que al ritmo del acá y del allá. A veces me cuelgo con algo que entra y me hace acordar de alguien y otras me ganan los pibes del edificio de enfrente cuando escuchan y cantan funky, aunque sea un barrio muy poco funky.

 

Lucía González nació en la ciudad de La Plata, Argentina, donde estudió Letras y trabajó como profesora de secundaria. Desde marzo de este año reside en Río de Janeiro, ciudad en la que realiza un doctorado. Tiene 31 años y una de las cosas que más le gusta de Brasil es bailar forró.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s